Elasy Elsa

La princesa perdida... así me llaman o me llamaban, ahora muchos creen que he muerto.

Cierto es que no estoy donde debería estar, entre telas tan delicadas que parecen formar parte de mi propia piel, o rodeada de joyas deslumbrantes como las piedras preciosas forjadas en las profundidades de la tierra.

Pero no estoy perdida, no he regresado porque así lo he decidido.

 

Hace demasiado tiempo que me alejé de todos esos lujos. Enterré mi nombre y olvidé quién soy realmente.

Huí de mi hogar por amor y sigo aquí por dolor. Puro sufrimiento es lo que siento desde el día en el que aquel hombre murió. La única persona que ha escrito la felicidad en mi alma, a la que le entregué mi corona, mi vida y con la que descubrí el gozo de la pasión.

 

Absolutamente nada, ni siquiera la mirada de la dulce criatura que nació de mis entrañas fue capaz de hacerme reaccionar. A pesar de que ella es el fruto auténtico de nuestro maravilloso amor, no tuve fuerzas para seguir adelante. Quise desparecer de verdad, deseé que mi corazón dejara de latir para siempre.

Por ello, tras tomar aquella decisión dejé a mi pequeña en buenas manos, ellos la cuidarían como se merece, como ni él ni yo lo podríamos hacer jamás.

Y aunque no estuviera a su lado, mi Krhon la observaría y seguiría sus pasos. Siempre en las sombras.

 

Pero algo ocurrió en mi camino a la extinción. Me crucé con aquel anciano, Afroth, él sabía quién era yo. Recuerdo que sentí pavor, me habían descubierto tras tantos años escondida.

Sin embargo, Afroth no quería llevarme de vuelta al castillo, ni siquiera me estaba buscando, y lo que traía consigo logró despertar mi interés de tal forma, que descarté mi objetivo suicida.

 

Otro bebe, monstruoso y deprimente. Condenado a la muerte. Repudiado como yo.

 

No soy su madre, ni Afroth su padre, no sabemos de quién es hijo, ni cómo es que consiguió sobrevivir tras su nacimiento, pero lo que sí sé es que éste es mi castigo. Por abandonar a mi criatura y por despreciar mi vida.

Solo espero que este niño cumpla con su cometido, el mismo que lo libró de las garras de una muerte segura.

 
Elasy Elsa.