Julilith Kerhys

 

No sé cuánto tiempo llevo encerrada... según las marcas que mis uñas dejan a su paso en estos muros de piedra, creo que llevo aquí mil años.

 

Maldito Eldiser, fue él quien me encerró. Pero no le bastó con eso, ni siquiera con alimentarme a base de pan y agua cuando a mí lo que me nutre es la sangre.
Sigo viva. Preferiría estar muerta. Esto es una tortura. ¿Cuánto tiempo tendré que seguir en este calabozo? ¿Mil años más?
Es una aflicción insoportable.

 

Mi especie no siempre fue repudiada, existió una época en la que brillábamos. Éramos la mano derecha del Gran Príncipe. Un hombre de potestad inigualable.

Yo le juré lealtad, en uno de sus guerreros me convertí y defendí su nombre, incluso, le entregué mi cuerpo.
Y lo volvería a hacer mil veces más.

 

Realmente nunca me importó entregarme a aquellos que me deseaban. Por muy numerosos que fueran.
Amo la lujuria. La pasión es mi firma. Soy puro fuego.
Yo también lo ansío y no lucho contra la carne.
Me rindo ante el deseo y el placer.

 

Pero todo eso ahora mismo no importa. Sucedió hace demasiado tiempo, más del que la mayoría recuerda. Aquel príncipe ya no existe y yo sigo encerrada por aquellos que temen mi poder. Soy la única capaz de despertar a la bestia Esrahas. Una temible criatura que solo responde ante mí.

 

Quizás ella sea el verdadero motivo por lo que aún vivo.
Esa bestia que a muchos aterroriza pero que otros anhelan controlar.

 

Julilith Kerhys