Risistah Benerit

 

 

El momento está cerca. 

 

Escucho el sonido del mar desde mi pequeño camarote de madera. 

Miro hacia la ventana, sus cristales abiertos de par en par se han humedecido por la espesura de la bruma.

 

Vuelvo a clavar la mirada en el espejo y peino, una vez más, los mechones rubios de mi cabello.

 

Pronto llegaremos. Pronto será la traición.

 

Una brisa helada besa con timidez mi rostro, trae consigo el olor de las Tierras en las que desembarcaremos.

Unas tierras que aguardan miles de secretos.

 

Percibo pasos sobre el techo y escucho las risas de las almas en él.

Pobres inocentes, pronto llorarán.

 

Ninguno de los tripulantes que me acompaña sospecha de mis intenciones. Ninguno se imagina la trampa a la que los conduzco, ni siquiera saben cuál es mi verdadero nombre.

 

Mi identidad es secreta como mi linaje.

 

En mi pecho se balancea un colgante bañado en citrino y plata.

Es un símbolo que muy pocos jóvenes conocen, pero es un recuerdo patente en los ancianos.

Es un símbolo que marca mi nacimiento.

Sella mi misión y revive mi naturaleza.

 

Soy hermana del hombre más sanguinario sobre los mares.

 

 

Sonrío. Las víctimas que llevaré ante él no son esclavos, comerciantes o plebeyos.

Tres de ellos tienen ansias de venganza, dos son guerreros forjados al fuego de las Tierras volcánicas.

Y sobre uno se yergue una corona.

 

 

Risistah Benerit

 

 
 
 
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