Risistah Rita

 

Mis ojos recorren el rostro que refleja el espejo ante mí.

En él observo mis dedos enlazados con los mechones áureos de mi cabello, mientras paso las púas de un cepillo con delicadeza.

 

El momento está cerca. Y la gloria me espera.

 

Escucho el sonido del mar desde mi pequeño camarote de madera. 

Miro hacia la ventana.

Sus cristales abiertos de par en par se han humedecido.

Estamos atravesando una espesa bruma.

 

Pronto llegaremos. Pronto será la traición.

 

Me levanto y dejo caer mis manos sobre las batientes.

Una brisa helada se aferra a mi rostro.

Trae consigo el olor de las Tierras en las que desembarcaremos.

Unas tierras que aguardan miles de secretos.

 

Percibo pasos sobre el techo. Otro camarote.

Escucho las risas de las almas en él.

Pobres inocentes. Pronto llorarán.

 

Ninguno de los tripulantes que me acompañan sospechan de mis intenciones. Ninguno se imagina la trampa a la que los conduzco. Ni siquiera saben cuál es mi verdadero nombre.

Mi identidad es secreta. Como mi linaje.

 

Cierro la ventana ante mí. Me dirijo al pequeño armario y cubro mis hombros con un abrigo de piel de oso. Me dispongo a salir pero recuerdo algo.

 

En mi pecho se balancea un colgante. La forma que toma su dibujo está bañado en citrino y plata.

Es un símbolo que muy pocos jóvenes conocen, pero es un recuerdo patente en los ancianos.

Es un símbolo que marca mi nacimiento.

Sella mi misión. Revive mi naturaleza.

 

Soy un pirata. Una asesina. Hermana del hombre más sanguinario sobre los mares.

El rey de los piratas.

 

Sonrío. Las víctimas que llevaré ante él no son esclavos, comerciantes o plebeyos.

Tres de ellos tienen ansias de venganza.

Dos son guerreros forjados al fuego de las Tierras volcánicas. Y sobre uno se yergue una corona.

Escondo el colgante bajo mi coraza de escamas de dragón y desciendo el pomo de la puerta.

 

Risistah Rita

 

 
 
 
Imagen adquirida en el buscador de google.
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